Pequeña historia trágica en verso.


Luego pensó que si volvía al hogar tal vez...
pero no, él lo sabía imposible. Aquella mujer
no era de las que perdonan ni olvidan
los hijos muertos a manos del marido.

Que sería mejor buscarse a otra mejor y menos gorda
fue lo que resolvió bajo la lluvia el hombre con maleta.

Chau.






Viernes.


Hoy es viernes y no pasa nada.
Un día frío de diciembre y apagado,
probablemente no lloverá o quizás sí,
de todos modos no pasará nada.
Las calles están vacías al salir de casa
y es todo como en ese sueño
en el que deambulas
por una ciudad abandonada
y el viento agita los papeles
y el polvo. O tal vez el sueño
fuera de una película que vi.

Ya he dicho que es viernes en diciembre
y es verdad, el año se acaba
con su melancolía y me muerde
como una rata que a punto de morir
muerde las piernas de su asesino.
Es un viernes que seguro muchos
aman o sufren, qué más da,
en mi parte del mundo
es distinto, es frío, abandonado,
un día que parece domingo, un disparate.

Cuando consulto a mis amigos
más allegados estas inquietudes y otras cosas,
ellos lo achacan casi siempre
a mi natural pesimismo, a mi inactividad
o a que mis gafas estén desgraduadas.
Se equivocan y exageran, lo aseguro,
lo que verdaderamente pasa,
y no es por mi culpa,
es que nunca pasa nada.

Chau.

Te pienso y luego.


Los momentos tristes duran
dos minutos más de la cuenta,
para arreglarlo
voy a pensar en ti un momento
y luego...

todo a tu alrededor se oscurece
y te iluminas sola,

yo te acompaño 
en la sombra
porque pienso en ti, mujer, un momento
y luego cantas aquella canción
en mis recuerdos,
te apunto la letra 
por lo bajo.

Voy a pensar en ti y luego
tu pelo me abraza
y todos los mitos de la mujer y el amor
se cumplen sin pedir nada,

sin ponerme pesado
beso tus labios y te amo
y aquella sonrisa
y tus caderas

porque pienso en ti un momento
y luego me duermo hasta mañana
que no llega nunca.

Chau.

Gánster o estrella del rock.


Cuando era chico no quería ser grande,
ni me gustaba los berberechos en lata,
ni la coliflor ni el gazpachuelo,
quise ser piloto de avión
y pistolero de películas de western,
gánster, asesino a sueldo,
estrella del rock, preso,
anticuario, arqueólogo, librero,
conducía el DeLorean
y jugábamos a los médicos.
Luego vino la adolescencia y con ella
la crisis de valores y las pajas,
seguí sin querer ser grande.
Ahora que soy grande no conduzco
coches de ciencia ficción, ni soy
pistolero ni anticuario,
soy un supuesto bohemio
según mis amigas putas,
y tengo una novia y escribo
y no quiero ser grande, tengo libros
viejos, buenos amigos, hago que canto,
fumo, hago pájaros de barro y...
y una 9mm en la mano
que me apunta la cabeza,
nuevas experiencias, mañana te cuento.

Chau.

Menos otoño.


Es menester retratar el agua en los cristales,
las hojas sucias de los almanaques,
el sonido de la cadena del váter,
los mendigos luchando por
la última gota de vino peleón,
aquel gato callejero y sus malas pulgas,
las hippies mugrosas rebuscando
en la basura, las tetas de los dinosaurios,
la guiri fea del vagón de tren,
los viajes por la mañana temprano,
las abuelas muertas, los desviados,
el tiempo inestimable del otoño,
los dictadores horteras linchados
por la muchedumbre populosa libia,
los aviones que vuelan bajito,
las excavaciones arqueológicas
que encontraron una momia
en tu corazón, la carnaza,
la ilusión de las novias nuevas,
la inexistencia de las viejas,
el tractor usado de mi padre,
la cuidad despanzurrada contra la niebla,
los adolescentes huérfanos recientes de padre
con doble madre, los malos recuerdos,
la música buena, las pijas baratas,
el dinero, el tabaco, la cerveza, tu prima,
el mate, los gallumbos, las anginas,
los despechos, los orgasmos, las ofertas,
los enfados, el desencanto, los suicidios,
las afentaminas, la yerba, el gimnasio,
los carteles, las gitanas, el telediario,
los dibujos animados, las caderas, el coño,
los tacones, los preservativos, las películas,
el calor de la cama, las caricias, las torrijas,
el melodrama, la guitarra, los amigos,
la melena, el pan frito, los piojos, los pestiños,
los cocodrilos, las lentejas, el chorizo y el olvido.

Chau.

Ya verás mañana.


Yo bien gracias a dios padre,
sin poder quejarme de nada.
Pero hoy no fue un gran día
y tu pesimismo me hace vislumbrar
que mañana será un día cualquiera,
un día sin ambiciones propias
ni esperanzas de progreso,
amarillo y gris y manido.
Un día como antier
que fue un domingo como todos.

La tele dice que
las revoluciones son las momias
de nuestros abuelos visigodos
como los cohetes en el espacio
fueron carabelas que no conquistaron nada.
En la radio la música ya no existe
y los periódicos no se callan.
Ni siquiera las parejas que despluman
apenas la niñez enamoradas
se escapan de sus casas como antaño.

Hasta las mujeres nos abandonan,
tal vez hoy no pero ya verás mañana.



Chau

Siguiente pesadilla.


Cuando me despierto, resulta complicado explicar todo esto, pero, cuando me despierto, sigo soñando y estoy con las manos a la espalda, no llevo gafas pero todo está nítido, visto ropa oscura de un color impreciso y voy completamente afeitado y con el pelo sujeto por detrás de las orejas, y estoy, como iba diciendo, de pie frente a un gran espejo con un marco sencillo de madera clara de pino, que está empotrado en una pared blanca que no es infinita porque más allá, por el rabillo del ojo, soy capaz de distinguir una esquina de la habitación y una puerta oscura, y de pronto la puerta se abre y de ella sale una mujer bajita y delgada, que tiene cara de mala hostia, que lleva gafas y que se parece demasiado a la madre de Jesús y que empieza a gritarme gesticulando mucho y agitando los brazos y las manos de una forma terrible mientras yo no aparto la mirada del espejo, y me pregunta a gritos que por qué mierda he hablado con ellos, que soy un hijo de mil puta que ya estaba advertido de que no puedo comunicarme con nada de detrás del ventanal y yo respondo muy tranquilo mirándola por primera vez a la cara, que de qué carajo está hablando, que no sé de qué me habla y que aquello no es un ventanal, es un espejo, me cago en dios, y ella responde gritando de nuevo, que mierda para mi boca embustera y liosa, que mire otra vez y yo vuelvo a mirar y el espejo ya no es más un espejo, sino un gran ventanal transparente que da a un abismo oscuro como la boca de un animal mitológico cualquiera, en el que flotan una especie de espectros grisáceos rodeados de nubes de las que caen cascadas de agua, y para mi sorpresa no me sorprendo al descubrir que realmente uno de ellos me está hablando y yo le contesto cualquier cosa que no recuerdo, y el sueño se acaba y ya no estoy de pie delante de un espejo ni de nada, sino que estoy tumbado en mi cama del piso de estudiantes, con los muelles clavados en las costillas y con una incomodidad en el estómago que indica que necesito un desayuno o un cigarrillo o mear o tal vez una paja o que tengo una solitaria.

Chau.

Análisis de valores.

Cuando calienta el sol.

Hasta hoy, día
veintisiete de septiembre
del año dos mil once,
en mi aburrida vida,
insignificante y nada resonante,
han existido dos mujeres,
diferentes en esencia y tonalidades,
en placeres, anatomía,
inquietudes, filias y fobias,
(alergias ninguna
gracias a dios),
disparates y enfermedades,
incluso nacionalidades.
Hablo de mujeres de amor,
quiero decir, que nada
cuentan madres o abuelas,
eso para los degenerados.

Una baja, la segunda,
(primera en escala de valores)
bastante más alta de corazón
y zancas.
Una atea, artista, se llama
Laura,
la otra ni pensarlo.
Una agua pasada,
Laura, el pan nuestro de cada día.
Una complicada, adolescente,
la otra desaparecida.
Ojos azules ambas.
Esta amor sincero,
la otra una desgracia.
El sexo mejor con la actual,
eso es así de claro.
Una padre fugitivo,
Laura padre banquero.
Una me dio mate y Charly García,
Laura felicidad palpable.
Una depresión un año
y dos semanas,
Laura diecisiete años
bien llevados.
Una tímida,
Laura anda dejando tras de sí
una estela.
Mis prioridades están claras,
me quedo donde estoy con la segunda,
que es más guapa, todo sea expuesto.

Chau.

La piel hace el hábito.



Hoy voy a soñar con que a Pedro Almodóvar lo secuestra un psicópata veterinario que resulta ser Antonio Banderas, porque viola a su adorado cerdo vietnamita y le hace una vaginoplastia y le pinta los pelos de castaño y le tapa las canas y Antonio Banderas al final lo termina convirtiendo en un cochino con piel sintética, (de esa milagrosa que no tiene ni una manchina, ni un lunar, ni un pelito, piel de esa inmune a las picaduras de mosquito) pero eso sí, hembra, y el cochino mata a dentelladas a la sirvienta que resulta ser la madre de Antonio, (que a su vez tiene otro hijo brasilero, delincuente, degenerado y feo, que se termina tirando al cerdo de Pedro) y también mata a dentelladas al propio Antonio, que resulta ser él mismo pero en cirujano desquiciado y con una familia mal lograda en accidentes absurdos que no se cree nadie, y lo pongo en la bandera de Puerco Rico sobre fondo multicolor, para que sea la insignia de nuestro país y del orgullo gay.
Bueno, o tal vez cuente corderitos.

Buenas noches.

Las mujeres de mi vida.


Las mujeres de mi vida,
las que me pertenecen
y me  importan,
son todas hermosas
y por eso me pertenecen
y me importan
y son las mujeres de mi vida.

Chau.

Cómo serán los veranos en el Cielo.


Un verano en el Cielo, en una playa de arena blanca inmaculada y agua transparente, rodeado de gente decente que nunca ha roto un plato, absueltos de todo pecado, ángeles en bañador y vírgenes en triquini celeste.
A tu derecha un arcángel tostándose al sol (un sol que no causa melanomas) y a tu izquierda un católico de la Edad Media tomándose un mojito.
Playas sin socorristas ni alertas rojas, ni maremotos ni oleaje embravecido. Sin Cruzcampo, solo Coronita. Donde nadie salpica arena y el agua no te engurruña los huevos de fría que está. Donde nadie mea con los brazos en jarra y el agua por la cintura.
Tal vez los ángeles hagan surf y buceo y todo el mundo sepa nadar como dios manda.
Todo muy tranquilo y monótono, todo muy aburrido.

Disculpe, padre, yo quiero ser bueno, ¿pero en el Cielo se folla? ¿Que no? Pues entonces váyanse todos a tomar por culo.

Chau.

La generación espontánea del huevo tercero y sus viajes astrales en el más p'allá.


Cuando alguien me contó alguna vez aquella historia del tercer huevo por generación espontánea, me pareció inverosímil a la par que espeluznante en un principio. Luego fue dando detalles y la teoría cogió una fuerza y un magnetismo irresistibles. Era evidente que aquel tipo debía tener algo extraño y portentoso dentro de la bragueta, y aun habiéndome querido enseñar el prodigioso fenómeno escrotal, la mezcla de repulsión, estupor y pudor por la que me vi sobrepasado, no me dejaron adentrarme en la aventura. Él contaba que los viajes astrales al más p'allá siempre dejan secuelas, daños físicos colaterales, y ese, su exceso de virilidad, fue el precio que tuvo que pagar por sentir el terrible y excitante vértigo suicida de salir del propio cuerpo y viajar más allá del tiempo y la humanidad que, siempre bajo su punto de vista, es una masa de carne imbécil incapaz siquiera de acordarse de tirar de la cadena después de cagar.
El tricojonio célebre se decía un experto en aquellos viajes incorpóreos y aseguraba haber mantenido largas charlas con seres antropofágicos de otros planetas (seres verdes y de largas extremidades) y genios muertos como Edgar Allan Poe por ejemplo. Eso sin contar un sin fin de criaturas, ectoplasmas, entes y fantasmas completamente anónimos e irrelevantes.
Al cambiar de tema y preguntarle por su vida sexual después de la mutación, dijo sentir un gran apetito carnal, que las putas le cobraban un importante tanto por ciento más, que su producción de esperma era desmesuradamente mayor, que tenía no sé cuántos hijos que habían heredado la belleza de la madre y los cojones del padre y otros tantos hijos ilegítimos o bastardos (hijos de padre natural en suma) que nadie sabía a quién carajo se parecían, pero que tenían cada uno tres testículos como tres soles, y por último, que las patadas en la entrepierna dolían el triple o más (dependiendo de la escala).
No obstante, él no consideraba insalvable su condición extraordinaria, sino que, al contrario, el fatalismo con que lo contaba denotaba lo muy orgulloso que estaba de su vida fantástica como poco. Deberían haber estado allí y escuchado todos aquellos detalles irreproducibles a posteriori, para entender que aquello que contaba no era una mentira fruto de los delirios de un borracho con sus muchas películas de ciencia ficción o Serie B que había visto durante su larga vida de soltero a la espalda, sino que eran las veraces y exactas aventuras de un tipo lúcido y especial, tocado por una energía inaudita e inmaculada. Un tipo que había descubierto cómo traspasar las fronteras de lo habitual y cotidiano, además de las de la ciencia y la religión, para embarcarse en lo que él llamaba, sus travesías astrales en el metro del alma, definición algo cursi pero totalmente respetable.
Quizás me tomen por un loco al verme creer en la historia de aquel desconocido inaudito que descargó su corazón en una conversación de bar a las tantas de la madrugada de hace algún tiempo, pero yo puedo jurarles que los únicos locos son ustedes por dejar pasar la oportunidad de aprender de esta historia y viajar también a otros mundos, otras épocas y otras civilizaciones. Yo ahora tengo dos ojetes.

Chau.

Altísimo Lasaña: maestro.

Qué foto horrible.


Altísimo Lasaña.
Más allá de su pedantería,
hay un loco
de los de alevosía.

A extramuros de la
ciudadela
encontramos
un fracaso de humanización,
fiel amante de lo mundano
que se acuesta
con mengano.

Ficha de ajedrez
en interminable
riesgo de jaque
que se libra
por los pelos.

Genio y figura
de su propio pensamiento.
Blasfemo vozarrón
con desmedida sodomía.

Retorcido filósofo de alma,
armadura de profesor
en salsa de fracaso.

Coitus interruptus.
Desazón en los principios
fundamentales,
descubridor de
nuevos caudales.

Buscador de minas
de basura
que brilla más
que los diamantes.

Malsano bebedor
de desmesuras,
con la bragueta
de sus charlas
sospechosamente dura.

Alcoba de rufianes,
boca de caimanes.

Trovador de miserias internas,
barrendero en las externas.

Matasanos de los de antaño,
sangrías de rebaños.

Famas que a veces
se merece.
Ínfulas que no cuelan
ni con leche.



(Poema rescatado de la belle époque)


Chau.

Mi amiga Virginia.

Imitando a aquella ídolo de los setenta.
Virginia es el amor
de mi vida y de la nuestra,
y la de tantos otros.
Virginia ni adelgaza
ni se empresta
ni se embarca
en empresa mayor
ni embarga besos
por falta de pago.
Virginia presumida,
azul celeste, rubia puta y lista,
guapa más que siempre.
Qué dos tetas
aun siendo más que eso.
Virginia inabarcable,
sustancia y recipiente,
corazón, alma llorona,
sonrisa de plata,
desazón suficiente,
aceite de rosa mosqueta
cura cicatrices.
Virginia es un ángel dodo
con pico de oro.
Virginia, des y amor de poetas
rotos.
Virginia es hoy
y, aún resentida,
el mañana se lo banca.
Olor a tabaco,
ñoña y real,
espesura el ancho mar,
eructa primores,
anda jaquetona.
Se escapa por los dientes.
Virginia consume y resume,
diosa atea, musa en desgracia,
bizcochito de cielo,
siete vidas tiene un gato,
cal y veneno.
Tan joven
que la vida es suya
y se acaba en ella sin remedio.
Dios la guarde
más que al tiempo.

Chau.

Esperanzas en mí depositadas.

Un cochino sin dobles interpretaciones.

Todos sabemos
de qué estoy hecho.
Con veintidós años por detrás
y por delante un do de pecho,
grito en el cielo por
derecho al despecho que aprovecho
por desecho
más o menos legítimo,
para gritar nada
a nadie o miento.
No te miento, qué esperabas, corazón,
con veintidós años,
un pasado disperso
y un futuro incierto,
con convicciones
y convencimientos absurdos,
sin ilusiones,
sin ser amigo de la revolusión
ni del queso fresco,
sin mirar el tiempo
meteorológico.
Todos sabemos
de qué estoy hecho,
con mis veintidós años por detrás
que lo demuestran,
todos lo sabemos
menos yo.

Chau.

Antonogía de detalles (versión revisada).

Sayonara, baby.





Uno no se hace poeta para comentar el concepto general de la vida:




Poema número uno.

La vida es una mierda, así, a grandes rasgos.



Poema número dos.

El amor es una mierda, lo mires por donde lo mires.



Poema número tres.

Ojalá los japos nos maten.



Poema número cuatro.

Qué fea eres.



Poema número cinco.

Los insultos no se los lleva el viento.



Poema número seis.

Suma y gime.



Poema número siete.

Un cigarrillo.



Poema número ocho.

El gusto con sarna pica.



Poema número nueve.

La sopa se sirve caliente, como el sexo.



Poema número diez.

Me estoy meando.



Poema número once.

He acabado esta antología.



Poema número doce.

Mierda.



Uno no se hace poeta para constatar que el concepto de la vida es general:

Poema número uno (versión friki).
La vida es una mierda así, a grandes trasgos.

Poema número dos (versión voyeur).
El amor es una mierda o no, según donde lo veas.

Poema número tres (versión infantil).
Doraemon es radioactivo, se estaba viendo venir.

Poema número cuatro (versión realista) (intacta).
Qué fea eres.

Poema número cinco (versión ecologista).
Los insultos no se los lleva el viento en los sauces.

Poema número seis (versión de concurso telefónico).
Llama, suma y gime.

Poema número siete (versión legal).
Prohibido fumar.

Poema número ocho (versión radical).
Muerto el perro se acabó la sarna y el gusto.

Poema número nueve (versión andaluza).
La sopa se sirve caliente. Menos el gazpacho.

Poema número diez (versión actualiza).
Me estoy meando. Y cagando.

Poema número once (versión definitiva).
He acabado esta antología. Ahora sí.

Poema número doce (versión bilingüe).
Mierda. Merde.

Chau.


Torrente 4. Lethal crisis.

Sobrecogedor tresdé...

Santiago Segura decepciona muchísimo. La cuarta entrega de la saga del ex policía fascista fan del Fari, es lamentable. Siendo la que disponía de más presupuesto de las cuatro, es la que menos argumento y trama transmite. La película se centra en meter a la farándula española en 93 minutos que dura, con cualquier escusa, pero sin una historia decente que contar, vamos, ni decente ni de ningún tipo. Se ve que Segura ha preferido gastarse el dinero en comida para encarnar (nunca mejor dicho) a su personaje, en pagar a los famosetes que salen en la cinta, y en (sobre todo) las cámaras del dichoso tresdé, y claro, después de pagar todo eso, no debía quedarle mucho dinero para pagar a un buen guionista. Y otra cosa, el tresdé a mí me pareció deficiente, a lo mejor es que no he visto más que esta película con el efecto, pero se veía mal, borrosa algunas veces, había movimientos que no podías apreciar y además, salías medio mareado de la experiencia.
Eso sí, la lethal crisis de ideas de Segura, es compensada extremadamente bien, por un fantástico exceso de culos y tetas.

Chau.

Crisis existencial nuclear.

No cunda el pánico, total, seguro que hay un Homer que aprienta el botón rojo.

Que haya muchas posibilidades de una crisis nuclear seria, una verdadera catástrofe mundial, se ve que no es motivo suficiente para la alarma social. Al menos yo no la veo por ninguna parte (la alarma social). A lo mejor es que el único que lee los periódicos soy yo.

Chau.

Definición aproximada de mi blog.

Aguante, Aureliano, un día seremos famosos... o por lo menos ricos.

Pinta hoy ha hecho una apreciación que me ha dejado con el culo torcío, yo nunca me lo había planteado desde ese punto de vista. Me ha dicho: Tu blog es una tortuga en una lavandería. Y es verdad, es eso justo, una tortuga en una lavandería. A ver si al final resulta que sí que soy raro... más que una tortuga en una lavandería.

Chau.

Pequeña historia carente de título.

Inlustración de Pablo Galeote.
A las tres de la tarde vino una chica. Con aquel bochorno no se podía estar en la calle.
Se sentó en mi mejor sillón con familiaridad, cruzando las piernas desnudas, como si tuviese algo que decir. Con una espléndida sonrisa colgada en su carita de loza, como esos carteles de “ocupado” que se colocan en los pomos, y cubierta apenas con un delicado vestido amarillo claro, estampado y corto, que le caía suelto sobre las formas. Y bueno, aquel tenue olor cítrico que emanaba de su ondulada melena también. Estaba como un tren de cercanías. 
Abrí las ventanas para que no reparase en lo decrépito de la habitación y de mi vida.
Ya creí que no venías, le dije. Un pestañeo exiguo fue toda la respuesta. Miraba todo como divertida, sin acordarse de mi presencia. Me pidió agua con unas gotitas de limón casi sin despegar los labios. Luego de beber un sorbo me propuso viajar con ella.
Yo que nunca he viajado, al menos prométeme que no volvemos.

Chau.

No es un sueño, es una realidad muy posible.

Yendo de la cama a la piscina.
Yo de mayor (ya que me veo abocado a llegar a ser mayor si alguien no le para los pies al tiempo) voy a ser como Charly García cuando era Charly García. Y The Prostiputos va a ser el nuevo Say no more. Diferentes y mejores, eso sí.

Chau.

Cisne negro.

Así mejor.
Yo también he llorado al ver la película... Pero por los seis euros con cincuenta que me he gastado en la entrada. Hoy ya nada puede ser peor.

Chau.

Inmadurez eterna.

Unos morritos de regalo.

Ya casi tengo 22 años. Yo nunca quise llegar a estos límites. Cuando era pequeño aspiraba a no crecer, ya entonces sufría eso que los maricones se empeñan en llamar Síndrome de Peter Pan, que para mí no era más que lo más lógico, solo había que fijarse en los adultos, tan arrugados y amargados y preocupados, tan aburridos. Luego, cuando llegué a la adolescencia empecé a darme cuenta que aquello era inevitable, crecer iba a crecer, así que decidí que la única manera de no tener responsabilidades, ni arrugas, ni familia que te indujera a ello, era morirse temprano. Pero nunca se muere uno por causas naturales cuando lo necesita. Luego pensé en matarme y no entendí por qué el suicidio era una cosa tan terrible. Es más, si la gente se fija en lo que tiene alrededor, es lo más lógico, el suicidio es la opción más acertada, entonces, no entiendo cómo seguimos existiendo. Pero tampoco me atrevo, me da miedo el dolor. Es obvio que sobrevivir es lo más fácil, lo complicado en todos los aspectos es morirse, digan lo que digan.
Ahora dejo pasar el tiempo sin hacer nada, que es lo que quiero, no hacer nada. Yo con cantar de vez en cuando con The Prostiputos, dibujar algún monigote y escribir entradas de blog (ya ni poesía sé escribir, mierda), me conformo.
¿La felicidad? Está sobrevalorada. ¿El amor? Uno se da cuenta con el tiempo, que lo que dicen los demás es verdad, y se va dejando de creer hasta en las cosas más elementales. ¿La humanidad? No se la deseo ni a mi peor enemigo. ¿La naturaleza? Una cursilada. ¿La anarquía? Un deseo sin fuerzas. ¿Mi orgullo? Dios me libre. ¿Luchar? Es un verbo feísimo. ¿Riesgo, emoción y triunfo? Apología del fracaso hago yo.
Suena mezquino, nihilista, antipático, desagradable e insultante para el resto. ¿Alguien da más?

Voy a dejar de usar el nohombre.

Fargo.

Foto del pan, no es el cartel de la película.
Cuando yo estaba en Argentina compraba un pan de molde llamado Fargo. Era insípido, blanco y aburrido, como todos los panes de molde del mundo. Ayer vi una película llamada ídem. Era aburrida, blanca, insípida y con un final seco e indigerible, como el pan. Gracias a Gadafi (que está muy de moda ahora, además de que me he enterado de que el tío se mea en las reuniones oficiales de la Liga Árabe, que no es una especie de reunión de superhéroes, allí, delante de todos, y eso me ha dejado con el culo torcido) que no todas las películas del mundo son así. Valiente coñazo.

Sihombre.

Nota catastrofista.

Me pareció una bonita metáfora.


Lo que yo te diga. Algo estoy haciendo mal. 
Lo que no puede ser es que a todo el mundo le guste tanto estar vivo, les parezca todo tan bonito y sean todos tan felices si ven el panorama como lo veo yo. No puede ser que esto sea tan el chocho de la Bernarda. No puede ser que yo mire la televisión y me aburra tantísimo Europa, un continente lleno de países que aseguran estar casados en poligamia, pero que luego tienen tantos cuernos y se dicen los unos a los otros cosas feísimas y de muy mal gusto. Un continente tan gris y tan frío, gobernado por la derecha, como si no tuviéramos conciencia histórica. No es posible que a mí me deprima tanto España y que se me agarre un nudo en el estómago como si no hubiera comido, cuando veo que España es eso que sale en el telediario, esos políticos subnormales, esa feria de abril y las colas del paro. No es posible que lleve un año y pico fumando y el tabaco siga estando tan malo. No es posible que los moros hagan revoluciones con dos cojones, echen a los hijos de puta que los gobiernan y nosotros no seamos capaces de decir nada más que “esta coca no es mía”. No es posible que a Obama le den un premio Nobel de la paz solo por ser negro y que a Berlusconi nadie lo meta en la cárcel por nada de lo que hace. No es posible que sigamos aguantando a una profesión que debe dirigirnos por el camino recto pero donde todo el mundo es un sinvergüenza, la política. No es posible que los escándalos de pederastia de la Iglesia sean portada de hoy y hambre pa mañana. No es posible que nos vayan recortando  libertadas y ya casi no se pueda fumar o hacer lo que te venga en gana, ni en la casa de  uno. No es posible que prohíban hasta tocar en las calles cuando la música es callejera por naturaleza e historia. No es posible que tengan que querer controlar hasta la única anarquía realizable y realizada, internet. No es posible que en pleno siglo XXI la razón no impere por encima de las supersticiones. No es posible que se haga lo que diga la mayoría, aunque la mayoría diga un disparate. No es posible que la humanidad sea tan idiota. No es posible que quieran vivir en Marte cuando la gente se muere de hambre en la Tierra. No es posible que nos rijamos por un sistema económico que no se sostiene y nadie tenga una idea mejor. No es posible que aún existan dictaduras. No es posible que siga habiendo reyes por derecho de sangre y nos cobren una pasta. No es posible este desencanto que me abruma. No es posible que en el mundo pasen tantas cosas y tan pocas me importen un carajo.
Macho, algo tengo que estar haciendo mal, porque para ser el mundo tan aburrido y triste, la gente disfruta mucho. Algo falta, algo me estoy perdiendo, que alguien me diga qué es.


¿Nohombre? ¡Vete a la mierda!

Eso no pasa.

(Léase el pie de foto anterior)
La gente suele decir eso de "un día te van a pegar" cuando digo lo que pienso, pero hace años que eso no pasa.

Nohombre.

Es mentira.

Este no es mi bigote.

Eso de que yo no soy violento es mentira y una idea absurda por completo, lo que pasa es que uno se reprime porque la fuerza no me acompaña. Desear la paz mundial es una mariconada propia de las misses y otros subtipos de seres humanos.
Aunque desde luego, el que dice que yo no soy violento es que no me ha escuchado nunca hablar.

Nohombre.

Aforismos y epitafios.

El cerdo es el de las gafas.


1. Aquí yace Álvaro J. González, cobraba plus de nocturnidad a las musas.
2. Vean. Así acaban todos, aunque vivan.
3. Pídanme ahora explicaciones.
4. Señor, por qué te hemos abandonado.
5. El amor es un carajo, el único que merece la pena.
6. Las tetas son el sol de las utopías. El culo, otra ideología.
7. Dios es grande, yo soy mejor.
8. Por ti me muero y eso casi no es posible.
9. Mentira.
10. A la hora de la verdad todos se cagan.
11. En el sur andaluz había más luz, aquí hay más farolas (Buenos Aires, atardecer).
12. Dios nos hizo, luego lo creamos nosotros a él a nuestra imagen y semejanza.
13. Señor, si existes, puedes llamarme de usted.
14. Cualquier tiempo esperado defraudó.
15. Prefiero esperarte, el infierno sin ti debe ser la gloria, y eso nunca.
16. Aquí yace Pablo, siempre quiso vivir este momento.
17. La verdad y la ficción confeccionan la mortaja de mi calavera.
18. Mi amor destroza cualquier corazón, incluso el mío.
19.  Morí de dos corazones y seis infartos a tiempo.
20. Qué estafa es el recuerdo.
21. Qué invento es el tiempo.
22. Será que de verdad vine cuando de verdad te fuiste.
23. La vida es un tango triste a pesar de las minas lindas que lo bailan.
24. Las putas son la decadencia del amor y la excelencia del placer.
25. En alas de la muerte, me peleé con la vida para sacar expediente a la dictadura de mi corazón genocida.
26. Yo no sé perder, soy un caballero.
27. A la mierda.
28. Soy dios y la humanidad me la banco yo solo.
29. Aquí yace Álvaro J. González, las musas le cobraban plus de nocturnidad hasta de día.
30. Cuánto tiempo busqué aquel amor conque me mataste.
31. El tabaco es el incienso de los suicidas
32. El amor es amor hasta cuando se acaba.
33. Y si eres mujer, todo lo anterior pero desnuda.

Nohombre.

Estos no son mis amigos.

La imagen no se corresponde con el texto.
No sé por qué será que siempre se me ocurren magníficos títulos de canciones, coño, sería buenísimo que también se me ocurrieran las letras.
Voy a escribir una canción que se titule así: Estos no son mis amigos.

Nohombre.

Recuerdo infundado.

La imagen no se corresponde con el texto.
Recuerdo aquella vez que me levanté temprano... Bueno, a quién quiero engañar, esas cosas nunca le pasan a uno.

Nohombre.

La historia del negro inenarrable.

Era maquillaje.

Podría decir que no era tan negro ni tan inenarrable tal vez y sería un buen comienzo. Bastaría decir que era un gilipollas imprescindible y no habría nada más que contar. Pero la realidad es que cuando pienso en él, tengo que decirlo desde lo más hondo y sincero de mi corazón putrefacto, me siento muy orgulloso. Me siento muy orgulloso de ser el más guapo y blanco de los dos.

Nohombre.

Ah, Krahe, profeta barbado.

No todo va a ser follar: no, ya lo sé.

Ayer, a las tantas de la noche, un servidor estaba extasiado junto a Pablo y Pinta escuchando y viendo lo que hacía  y cantaba y decía y deliraba, un viejo genial de pelo escaso pero blanco y barba del mismo color, que perdía el papel donde tenía apuntadas las canciones a cantar en el mismo sitio donde lo había dejado, en el bolsillo de la camisa.
Ese viejo nos dió la noche con historias sexuales de yetis o mujeres planas que a la mañana siguiente veían despuntar el sol y el escote y otras cosas de disparatado estilo.
Pero lo mejor de la noche fue cuando Javier nos aseguró a nosotros en privado a modo de profecía inevitable y compromiso, que en un año Los Prostiputos con ese nombre facilmente venderemos un millón de discos.
Yo me lo creo a pies juntillas y amén.

Nohombre.